El ministro de Defensa británico, Philip Hammond, aseguró que la Argentina "no es una amenaza militar creíble" en Malvinas. Lo afirmó ante su parlamento para explicar la política de defensa del gobierno conservador en las islas. Por eso, negó haber aumentado su presencia militar en el Atlántico Sur.
22.02.2012 09:15:00
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bubu 22-02-2012 | 19:56
Es usual que Gran Bretaña se refiera con total soltura a su “responsabilidad por la seguridad del Atlántico Sur” y pasee a sus anchas por sobre sus aguas todo buque de su Marina que se le ocurra. Tiene fondeaderos y recursos logísticos en Santa Helena, en Ascensión, en Georgias, en Sandwich, en Malvinas y en Antártida.
Buques de exploración de hidrocarburos, de investigación, de prospección minera; pesqueros, conserveros, submarinos, destructores y rompehielos van y vienen, observan, detienen, examinan, inspeccionan, fotografían, prospectan, extraen y se llevan cuanta materia prima, recurso o especie le resulta necesaria para estudiar, vender o consumir.
Un musculoso complemento aéreo en la base de Mount Pleasant (Malvinas), subraya la perfecta soltura con la que Gran Bretaña cumple con su autoasignado papel de potencia tutelar del Atlántico Sur.
El Atlántico Sur es una cuenca oceánica cuyos límites terrestres están compuestos, al Oeste: por Brasil, Uruguay y la Argentina; y al Este por Sud Africa, Namibia, Angola, Nigeria otros estados africanos sobre el golfo de Guinea y más allá, hacia el Noroeste. Brasil y Sud Africa forman parte de los BRICs. Argentina, Brasil y Sud Africa, del Grupo de los 20.
El límite Sur del Atlántico Sur es la Antártida, en particular, el área reclamada por nuestro país, y muy especialmente la península de San Martin. O sea que por el Oeste y por el Sur la Argentina es ribereña del Atlántico Sur, y ello en una extensión de litoral solamente comparable con la de Brasil. Pero es Gran Bretaña la que se proclama guardiana y regente del “mare nostrum” sudamericano y africano austral.
No hay statu quo. Cada día, una nueva autorización de perforación, una matrícula adicional de pesca, una expedición científica, una torre de extracción de crudo, un ejercicio militar, una película de divulgación, un libro sobre los albatros surge de las prensas, el tesoro, el Ministerio de Defensa o la administración ilegal sita en Puerto Argentino. Vaya como botón de muestra el muy reciente anuncio de un nuevo límite –naturalmente, más generoso– para su decretada jurisdicción marítima.
El único statu quo no litigioso sería el de la inmovilidad argentina. Una sola medida, cautelosa, tomada por Buenos Aires, y Londres se rasga las vestiduras y habla de “peligro argentino”. Cualquier actividad inglesa es, por el contrario, calificada de “normal y rutinaria”, con la flema que se les asigna. Como el dicho. “¡Ah, estaba muerto! Pensé que era un inglés”.
Acciones. Como no hay tiempo, Argentina actúa. Existen varias diligencias posibles. Y varias herramientas a utilizar, según los diferentes escenarios. Se enumeran las que están al alcance de nuestros medios económicos, de nuestro peso político regional e internacional, de nuestros recursos logísticos, técnicos y humanos.
Entre una mansedumbre amanuense y quejosa, y los griteríos amenazantes de revoleos de ponchos, hay un rico depósito de hechos factibles que demuestren la honesta preocupación argentina por la injusta continuación del atropello.
Por ejemplo:
1. Iniciar una acción diplomática para que el asunto se incluya en el temario de la próxima reunión del G20. Nuestro gobierno puede ir anticipándolo y contactar a las 19 capitales restantes para lograr el cometido.
2. Como la Argentina es una república y Gran Bretaña una monarquía, nuestra jefa de Estado podría preparar un extenso y cuidadoso memorial para ser elevado a la reina de Gran Bretaña, con pedido de que la respuesta provenga de ella, cualquiera sea el órgano de su gobierno que la redacte. No es admisible que Gran Bretaña tenga una instancia soberana superior a la nuestra. Podrá ser simbólica (hasta cierto punto, ya que todos los miércoles la reina escucha a su primer ministro imponerla de los temas centrales), pero no será la primera vez que un primer mandatario argentino se dirija a un monarca británico. Por ejemplo, las cartas credenciales que Alicia Castro presentará personalmente a Isabel II, llevan la firma de Cristina Fernández de Kirchner y están dirigidas a la soberana.
Salvo las previsibles reacciones tilingas, esta acción debería ser respaldada por todas las instituciones nacionales.
Curly 22-02-2012 | 14:02
Uy Kris, se quedan hasta el 2016 y mas, parece que no te dieron bola.
Mandate algun discursito a ver si se asustan y en el 2085 por ahi, se van.