De visita por Buenos Aires, el politólogo italiano Leonardo Morlino, dialogó con LPO. Dijo que es una tontería “embolsar todo como populismo si ver los matices” y advirtió que “existe oposición en distintas instituciones: diarios, canales de televisión, corporaciones” que conforman “el personal no elegido de la democracia, que no se somete a elecciones”. Su rechazo a la aplicación del sistema parlamentario en la Argentina.
La última vez que Leonardo Morlino visitó el país fue en 1983, cuando la llamada “transición democrática” daba su primeros pasos. Volvió a Buenos Aires en estos días para debatir con el politólogo polaco norteamericano Adam Przeworski. Juntos recibieron una distinción como huéspedes de honor en la Legislatura porteña.
Es profesor de la Universidad de Florencia y aunque hace 40 años que vive en esa ciudad, admite que ya no escribe en italiano: “ hoy la ciencia política se escribe en inglés y la comunidad académica se maneja en ese idioma”.
El pensamienmto de Morlino tiene dos bases: el comparativismo y el neoinstitucionalismo. Dos corrientes que intentan obtener algún tipo de conocimiento objetivo sobre los regimenes políticos existentes. El florentino señala los aspectos que hacen de una democracia una “democracia de calidad” analizando y comparando sus aspectos electorales así como sus arquitecturas y funciones institucionales.
¿La noción de democracia actual se limita a su función formal o de procedimiento?
La dimensión procedimental está caracterizada por el imperio de la ley, la competencia y la vida electoral, e incluye la responsabilidad institucional. El gran debate clásico es la tensión entre el aspecto procedimental y el aspecto valorativo del contenido. En el contenido existen dos valores tradicionales intrínsecos a la democracia: igualdad y libertad, lo que llamamos “valores de contenido”. Los liberales clásicos priorizaban las formas, claro. Pero el discurso ahora es desafiado y el problema del contenido se ha vuelto mas importante. El discurso procedimental era un discurso importante cuando debía garantizarse la democracia ante quienes sostenían que la democracia verdadera era la de los socialismos reales. Ahora no es más así, nadie discute la democracia procedimental. Eso ya es un triunfo, algo aceptado: pero se ha vuelto mucho mas importante el contenido: la libertad y la igualdad. Esa es la gran diferencia.
¿Podría explicarnos el concepto de responsiveness tan central en el debate actual?
Es la capacidad de respuesta de la democracia a las demandas ciudadanas. Ese es otro indicador de la calidad de una democracia: una calidad por el resultado. Este es muchas veces el punto débil de las actuales democracias: como no hay alternativas (autoritarias o no) a la democracia, pareciera que los políticos pueden incluso llevar a un país a la derrota, al colapso, como en el caso de la Argentina en 2001. Entonces los políticos se vuelven incapaces de responder demandas o las ignoran apostando a que no haya otra opción de gobierno. Esa es una gran paradoja. Ocurre que actualmente la democracia liberal podría ser completamente ineficaz, podría no darles nada a sus ciudadanos, o ser totalmente neutral incluso. La percepción de que es la única alternativa posible opera en este sentido.
¿Entonces el discurso legalista y formal atenta contra la calidad real de las democracias?
Efectivamente, trabajando con datos de participación en América Latina se veía que una participación “no convencional”, es decir, protestas, demostraciones de fuerza, ocupación ilegal de edificios y calles, puede contribuir a una mejor responsiveness de la democracia. Esto es importante y sirve para mejorar la propia democracia. Pero eso no va en detrimento de la importancia de los aspectos procedimentales. Porque cuando hablamos de aspectos procedimentales nos referimos a control sobre los jueces, al control civil sobre la policía y las fuerzas militares, al control de la corrupción y la seguridad personal del ciudadano. Son aspectos legales si, pero con consecuencias muy importantes y concretas. No es mero fetiche por la legalidad: eso también es ampliación democrática.
Políticos de calidad
Usted ha reflexionado sobre la importancia de tener políticos de calidad para lograr democracias con calidad…
Si, ese es un tema que regresó a la reflexión. Ya había sido desarrollado hace bastantes décadas por autores como Gaetano Mosca y Vilfredo Pareto y ahora lo hace Juan Linz. La calidad de los políticos es una garantía para la calidad de la democracia. Pero es un tema complejo. Los mecanismos de reclutamiento, formación y construcción de una clase política son tan complejos y delicados que todo el tiempo surgen obstáculos. Hoy día vemos todo el tiempo lo que Max Weber ya criticaba en sus tiempos: al interior de los partidos el reclutamiento está orientado hacia gente leal y no de calidad.
Es un problema real que suele enfrentarse con recetas vacuas de calidad institucional
Si, así es. Hoy antes que hablar de calidad de la clase política, debería pensarse cuáles son las reglas para alcanzar y realizar a través de ellas una mejor competencia que depure a quienes se dedican a la política. Pero todavía no hay recetas sobre la buena formación de una clase política, sólo existen análisis de reglas electorales, discursos a nivel institucional. Puede tomar generaciones enteras lograr una generación de políticos mejores: el legado, el pasado, la dificultad de cambiar por el peso de la historia es algo que arrastra a las democracias contemporáneas.
El regreso del populismo
¿El debate por el populismo y sus nuevas formas está sobredimensionado en la actualidad?
Si, totalmente. Se habla demasiado de populismo y no se advierten los matices. Se lo ha convertido en un concepto demasiado central y es la típica situación en la cual un concepto no esclarece, sino que crea más confusión. Los conceptos tiene fuerza analítica cuando permiten distinguir, sino es una bolsa en donde entra todo sin distinción. Hace algunas décadas todo en la ciencia política eran “grupos de interés”, entonces todo era pensado en esos términos y nada lo era. ¡Un abuso conceptual!
El debate por el presupuesto en la Argentina dejó al descubierto el problema del rol y la responsabilidad de la oposición. ¿Es legítimo dejar al gobierno sin un presupuesto?
Aquí vale destacar que existe oposición en distintas instituciones: diarios, canales de televisión, corporaciones. Allí también hay oposición: es lo que yo llamo el “personal no elegido” de la democracia, que no se somete a los procedimientos electorales.
Con respecto a la oposición en el Congreso, bueno, allí el asunto se limita a una mera pragmática política. ¿Tiene la oposición que comprometerse con este presupuesto? ¿Debe dar apoyo al proyecto del oficialismo o puede correr el riesgo de tener otra estrategia? Ese debate es meramente pragmático. Si quiere apoyar el presupuesto del gobierno ¿por qué no? Y si quiere hacerlo caer también es legítimo. Es parte de la lógica política, ambas estrategias son válidas siempre que hablamos de una oposición legal, legitima y votada en elecciones. Si cree que alcanza mejores réditos políticos bloqueando el presupuesto del oficialismo puede hacerlo y es parte del juego.
Pareciera que al ver alejadas sus chances de ser gobierno la oposición tiende a mostrarse más inflexible en sus posiciones…
Si, en líneas generales el mecanismo funciona así. La realidad es mas compleja pero el mecanismo básico es ese. Cuanto más cercana esté a acceder el poder, más cautelosa será la oposición. Pero hay que destacar que siempre los organismos de control, las defensorías y otras instituciones funcionan mejor si hay una oposición política. Si no hay hegemonía del gobierno, funciona mejor la democracia.
Los tres problemas de la Argentina
¿La Argentina realmente padece de un hiper presidencialismo como se postula desde sectores de la oposición?
Mire, la Argentina padece tres grandes problemas a mi entender. El primero es el problema latinoamericano típico de la desigualdad económica. El segundo es estar en medio de las democracia chilena y brasilera por un lado y las democracias de Hugo Chávez y Rafael Correa por otro: dos polos diferentes entre los que debe encontrar su lugar. El tercer punto es el hiper presidencialismo.
¿Y esto último cómo puede resolverse?
En mi opinión y de muchos analistas, el hiper presidencialismo esta formado por el entramado detrás que sostiene ese hiper presidencialismo. Con ese “detrás” me refiero a las múltiples relaciones que tiene el Presidente con gobernadores, intendentes y distintos líderes: una estructura de fondo que es propia del caso argentino. En concreto, no se trata de que una ley regule más o menos los decretos del Poder Ejecutivo, se trata de elegir un buen presidente que funcione en esa estructura hiper presidencialista. Esa es una vía pragmática. Cambiar la Constitución para controlar al presidente no es una vía realista. Se un problema de fondo que combina aspectos culturales, institucionales y arreglos de poder: no se puede resolver con una forma, un procedimiento o una regla. Es un asunto estructural, el problema es elegir un buen presidente que sepa no abusarse.
¿Pero el único modo de gobernar es con un Presidente muy fuerte?
No, no diría eso. Lo que digo es que vamos a convivir con esta situación dada, y para mejorarla no es posible hacerlo deslegitimando la Constitución y la figura presidencial. ¿Acaso una Argentina parlamentaria o semi presidencialista podría ser mejor? No lo se, pero pensarlo en este momento sería hacer ciencia ficción política: eso no es real.