Dos obras para incursionar en el teatro “off Corrientes”. Propuestas incómodas y perturbadoras como “Destino de dos cosas o tres” del chico malo del teatro, Rafael Spregelburd; o la poética “Parece ser que me fui” de Marina Barbera.
“Destino de dos cosas o tres” del chico malo del teatro, Rafael Spregelburd.
Destino de dos cosas o de tres
de Rafael Spregelburd
Cuando Spregelburd, el enfant terrible de la dramaturgia argentina, escribió esta pieza tenía sólo 19 años y ya despuntaban sus obsesiones y su placer por los juegos idiomáticos.
Destino de dos cosas o tres ironiza sobre hechos que carecen de sentido y sin embargo son asumidos con la mayor naturalidad, como el viaje interrumpido de un hombre y una mujer que emergen perdidos en una estación de tren: Ciudadela, un punto ciego en el planeta Tierra donde ninguna formación se detiene.
En medio de esa nada perfectamente ubicable del ferrocarril Samiento, se desarrolla una pequeña historia de amor, una accidentada relación entre dos desconocidos que viajan apretujados una contra el otro, y que por razones ignotas son despedidos en un momento del viaje.Arrojados de su destino rutinario –Once-Moreno-Once, por momentos parecen juntar fragmentos de sus historias.
El y Ella, tan sólo identificados por sus números de documentos y sus actividades, viajante y programador de software, esperan volver a subirse al próximo tren con el fin de continuar su viaje. Pero el destino los deja varados en Ciudadela. En ese no lugar la espera les reserva un encuentro de preguntas y respuestas. El y Ella se transforman progresivamente haciendo de la estación de tren el lugar del encuentro amoroso marcado por la dulzura y el humor que saben imprimirle los actores a sus personajes.
Acorde con la dramaturgia de Rafael Spregelburd los gestos, juegos de lenguaje, situaciones absurdas, diálogos inconclusos y relatos inacabados rigen este encuentro que merece ser visto. El espacio teatral, una casona de San Telmo reciclada, agrega encanto al espectáculo.
Parece ser que me fui
de Marina Barbera
Con un estilo despojado , la obra representa alegrías, angustias, soledades, anhelos, dulces sueños y temores de Marta, un personaje tierno y patético que evoca a la Gelsomina de La Strada de Federico Fellini. Marta, una mujercita dispuesta a emprender un viaje alrededor de ella misma, avanza y retrocede ante el vahído que le provoca su propio abismo interior. Tambalea ante los ineludibles riesgos, y el público se conmueve con la historia contada en el mejor estilo clown de alguien que se plantea si es necesario moverse, o acaso no es mejor quedarse quieta en un espacio conocido y acogedor que salir de viaje con su sillita de mimbre. ¿Como es entonces? ¿Hacia donde ir? Moverse o quedarse, caminar o detenerse es el dilema.
Durante unos cuarenta y cinco minutos, Marina Barbera , autora e intérprete de esta pieza poética, nos orienta en un mar de dudas con la brillante dirección de Raquel Sokolowicz y la música original de Agustín Flores Muñoz. En el breve tiempo que dura el espectáculo parece ser que nadie querría que Marta se fuera.